El Look Completo
Vestir de mantilla es montar un conjunto de cinco piezas que tienen que funcionar juntas: el vestido, la mantilla, la peineta, el abanico y, cuando hace frío, el abrigo. Aquí te contamos en qué orden pensarlo y qué mirar en cada pieza para que el conjunto entero tenga sentido — y no solo cada prenda por separado.
El vestido
Empieza siempre por aquí. El vestido marca el cuello y el escote, que son los que van a decidir cómo se sujeta la peineta y cómo cae la mantilla sobre los hombros. Manga larga y cuello cerrado o semicerrado es la opción más segura para procesión; un escote más abierto pide una mantilla con más cuerpo para que no se note el hueco.
Ver vestidos →La mantilla
La mantilla se elige en función de la hora y el tipo de acto: blonda de hilo, más ligera, para procesión de mañana; Chantilly, con más cuerpo, para actos de gala. El dibujo del encaje no debería competir con el del vestido — si el vestido ya lleva encaje visible, una mantilla más discreta equilibra el conjunto.
Ver mantillas →La peineta
La peineta sujeta la mantilla durante horas, así que la talla importa más que el gusto. Va por edad y por la cantidad de pelo: demasiado pequeña y la mantilla se cae; demasiado grande y pesa e incomoda. Si tienes dudas, mándanos una foto de perfil por WhatsApp y te decimos la talla.
Ver peinetas →El abanico
El abanico es el único complemento que vas a tener en la mano todo el rato, así que además de combinar tiene que ser cómodo de abrir y cerrar. El varillaje en dorado es el más versátil — combina con casi cualquier mantilla y con los complementos en metal del resto del conjunto.
Ver abanicos →El abrigo, si hace frío
En las madrugadas de estación el abrigo no es opcional. Tiene que dejar sitio para que la mantilla caiga bien por fuera de los hombros — por eso trabajamos cuellos mao o redondos, nunca cuellos altos que aplasten el encaje contra el cuerpo.
Ver abrigos →¿Te montamos el conjunto entre los dos?
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